Mientras vivió, El Chino convocó a diversos públicos, que encontraban en el lugar y en sus artistas el valor de lo auténtico, sin disfraces ni artificios comerciales. Jorge, cineasta, cumple años; sus amigos lo llevan al Bar El Chino. Saben que ese lugar es especial para él. Durante meses filmó imágenes, con la idea de capturar desde un documental, la esencia de lo que allí se transmitía. Se hizo amigo del dueño y de su gente. Cuando El Chino murió, entristecido, interrumpió el rodaje. Un día recibe la visita de Martina, una joven que fascinada por el Bar EL Chino, está decidida a rodar un documental sobre el mismo y desea ver las imágenes que filmó Jorge..





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