En este país, cualquier cosa es posible, y aquí una simple melodía pegadiza puede catapultar a un político a las alturas de la escurridiza cucaña del poder. Formando equipo con un cantante de folk, un voluntarioso candidato al Senado estadounidense graba un disco que resulta ser más eficaz que el más torticero de las relaciones públicas.
La pareja no tarda en encaramarse a lo más alto de las listas de éxitos, demostrando que hoy la imagen, una buena melodía y unas gotas de pura moralina significan más que buenos y solventes argumentos. Ciudadano Bob Roberts deja al desnudo las vergüenzas de la política..





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