El joven Francisco Javier era todo un campeón en el deporte y en los estudios, y estaba dispuesto a comerse el mundo. Pero un día su mejor amigo, Ignacio de Loyola, le mostró que los que realmente ganan son los que lo arriesgan todo por el amor de Dios. Así, Francisco Javier se convirtió en un misionero jesuita y salió a ver mundo, recorriendo desde las junglas de la India hasta los castillos del lejano Japón..





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