Carentes de todo y a unos cuántos kilómetros de la capital, los zapatistas resistieron las constantes embestidas de unas tropas perfectamente pertrechadas que, batallón, arrojaron sobre aquella región las poderosas administraciones de Porfirio Díaz, León de la Barra y otros gobiernos posteriores. Pero ni la despiadada persecución de sus enemigos, ni las ofertas, ni los halagos, ni los ataques de una prensa vendida a los poderosos, pudieron hacer cejar a Zapata en su empeño de liberar a los campesinos y devolverles la tierra, un empeño que acabó por costarle la vida..





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