Toto no se separa de su lado, coleccionando en secreto aquellos descartes que el sacerdote -el censor definitivo- corta de las películas proyectadas. Así que Toto guarda, como si de un tesoro se tratara, todos los besos y caricias prohibidos y descartados en una vieja caja.
Una encantadora y nostálgica celebración de la magia de las películas.





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