Último thriller rodado por Alan Ladd para Paramount que, filmado en 1949, estuvo durante dos años retenido por la productora, que no estaba dispuesta a perder el nombre de la estrella en taquilla. Todo ello porque Ladd había manifestado su intención de romper su contrato con la major norteamericana y emprender la aventura a través de su productora independiente, algo que no conseguiría hasta 1954.
En esta ocasión el actor interpreta a un investigador oficial del servicio postal que es encargado de investigar un crimen. Para ello localiza a la testigo del crimen, una monja que es secuestrada por los asesinos. La trama le llevará a descubrir que, detrás del crimen, se esconde un importante fraude económico.
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