Vive únicamente de la pensión que el Estado paga al humilde empleado que él ha sido durante casi medio siglo. Umberto odia a la dueña de la casa porque es una mujer vulgar y mala. Umberto va al hospital y en su ausencia le desaloja brutalmente de la habitación, incluso echa hasta al perro. Sin manera de arreglarlo se ve forzado a vagar de un lado par el otro como alma en pena, piensa en pedir limosna y hasta el suicidio..





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