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La película plantea en tono de broma, pero con el afán didáctico preciso, la posibilidad de que "ya estén aquí". Sí, ellos, los de afuera, los que nos vigilan y entran y salen de la tierra como si esto fuera una red de abastecimiento de combustible, un motel donde esparcir sus fantasías eróticas o, simplemente, una cueva donde conspirar y dar salida a la maldad que llevan dentro. ¿Cómo?, destruyendo el planeta, que es lo que da emoción a las películas.
Existen muchas teorías en torno a la posibilidad de que seamos visitados por seres de otras galaxias. Yo soy de los que preferiría que esto no ocurriera, porque no haría más que encarecer la vivienda.
Son muchos los que afirman que la invasión comenzó por el Japón, y que antes allí las personas tenían los ojos bien, pero como quiera que los cráneos de los alienígenas son mayores que los de los habitantes autóctonos de la isla, cuando se meten dentro de la piel de los nativos, les tira un poco de los lados y se les ponen los ojos de esa manera tan característica. Ni que decir tiene que, al día de hoy, aquella zona está completamente plagada de seres de otros planetas. Ahora, recorren todos los países de la tierra, cámara en ristre, para llevar información precisa a la sede central que se encuentra en Tokio.
Yo, para no amargarme la vida, no pienso nunca en ello, pero creo que haberlos, hailos. Lo descubrí la primera vez que vi por televisión a Alex Vidal Cuadras, el político del PP catalán, que une a los ojos rasgados, la voz "afilá", como dicen los gitanos, y una visión apocalíptica de la existencia.
Cuando estaba empezando a perder la sensación de invasión, conocí a Santiago Segura que, sin duda, también es uno de ellos, y que pertenece a lo que los invasores llaman un foco de penetración, o sea, a los comandos pioneros, que llegan con la misión de ir evangelizando a los incautos terrícolas, que por aquello de que "todo el mundo es bueno", se dejan invadir por cualquiera, siempre que no sea extranjero (está claro que llamar extranjeros a los seres de otras galaxias, es injusto, por lo que, de momento, no se ha pensado en aplicarles la ley de extranjería).
Decíamos que nuestro querido amigo Santiago, tiene la misión de ir aplacando los ánimos, de ir acostumbrando a los nativos a la presencia de seres extraños para que no se produzca en los humanos un shock cuando muestran su auténtica cara, su aspecto real.
Ellos no quieren infundir el terror en los colonizados porque el pánico paraliza las extremidades y, a mi edad, ya no me cabe la menor duda de que cualquier invasión, con lo que cuesta en mano de obra y en material (del coste en vidas ya ni se habla), se hace para sacar algún rendimiento. No sé si ocurrirá como cuando nos invadieron los romanos, que pusieron a los abulenses a currar colocando piedras en el Puerto del Pico, o en el primer acueducto que se le ocurriera diseñar a un centurión, pero el caso es que aquí, el día que vengan los marcianos, nos va a tocar doblar el lomo.
Santiago, como comentaba, crea personajes intermedios entre los humanos y los de fuera, o sea, mutantes, como Torrente, que a nadie se le escapa que no es humano y que se reproduce por esporas. Además, Santiago, como alienígena que es, tiene poderes sobre la débil psique del humano, y le lleva a ver la película una y otra vez, en muchos casos contra su voluntad, razón por la que Torrente ha batido todos los récords de taquilla.
Los alienígenas están entre nosotros, en el ministerio fiscal, en la compra, entre los mensajeros, en la mayoría de chats de Internet, y cuanto antes nos acostumbremos a su inevitable presencia, antes podremos dedicarnos a nuestros menesteres. Gracias a estas películas de marcianos, acostumbramos nuestras mentes a la compañía de estos viajeros del más allá. Conviértete en un testigo privilegiado. Yo, de momento, me he hecho con una marciana de siete lenguas.
Consideraciones aparte del hecho de que nos hayan plagiado el uniforme, el DVD de "Men in Black: Edición Limitada" reúne una serie de características importantes.
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